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dimecres, 29 d’abril de 2015

Ressenya del llibre de Daniel Arasa La batalla de las Ondas en la Guerra Civil Española

Aquí teniu la ressenya de Juan Franco Crespo, autor del ràdioblog natureduca.com, sobre La batalla de las ondas en la Guerra Civil Española: 


 LA RADIO EN LA LITERATURA:
LA BATALLA DE LAS ONDAS EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
 
“Se puede quitar a un general su ejército, pero no a un hombre su voluntad”
[Confucio]

Autor Daniel Arasa Favà, Editorial Gregal, Maçanet de la Selva, 327 páginas, 2015, info@gregal.cat.

Un nuevo ejemplar de temática radial ha visto la luz y arroja bastante imparcialidad [algo de lo que no andamos sobrados cuando nos adentramos en texto sobre la Incivil] en un mundo donde “todos” barren para su casa.

En algunas reseñas anteriores hablé [mejor decir escribí] sobre libelos o panfletos que, en algunos casos, valieron para dar el doctorado a cualquiera [se desprestigia el doctor y se desprestigia la universidad que da el “papel”]. Hoy tengo que decir que no estamos ante unos hechos novelados, sino “historia” de la buena aunque, como en todas las cosas, a veces se escape la sonrisa o la incongruencia por una pequeña desviación en un tema que levanta ampollas y, más de uno, todavía está dispuesto a batirse los callos.

Ciertamente hay infinidad de matices, pero el autor, el tortosino Daniel Arasa Favà no es un primerizo en el tema de la historia escrita y eso da un plus que contrasta con los “flamantes” doctores que saltan al ruedo sin paracaídas y crean simples panfletos o soflamas sin cuento que nadie debería realizar a estas alturas de la vida, mucho más cuando “es tarea del historiador depurar los mitos, despojándolos de falsos aditamentos” [página 54].

Se trata de un libro sobre la radio que podría encuadrarse dentro de la serie de “la radio en la oscuridad” que décadas atrás nos obsequiaba la inolvidable Radio Nederland aunque, en este caso, teóricamente, todos conocían quién era quien en el problemático mundo hertziano del ruedo ibérico. La dificultad en el tema no deja de ser insalvable y es ahí donde Arasa parece no logra avanzar o simplemente acceder a documentación de otras zonas geográficas donde, reconozcámoslo, no deja de ser una tarea de quijotes y no siempre se sale airoso del envite. A veces es un simple golpe de suerte el que te pone tras la pista, hay bibliografía y datos accesibles que no han sido consultados a pesar de constar en el Archivo de la Generalitat en la mismísima Barcelona [p.e. los fondos PSUC 1936-1977 que, al estar catalogados, permiten una consulta selectiva y ganaría en rigor esta postrera Batalla de las Ondas] o la búsqueda de emisoras que no siempre localizamos pero que se emplearon en publicaciones diexistas, sobre todo las que emitían en onda corta y que se recogían en los listados de las revistas de radioaficionados [sería el caso de Radio Guardia Civil que confirmaba con una QSL que es una joya de su tiempo pues este tipo de tarjetas no son muy frecuentes en época de conflictos armados donde la onda corta demostró su vigencia].

Hay que destacar, y agradecer, la gran cita bibliográfica que abrirá el camino a cualquiera que quiera saber algo más sobre el uso [o mal uso, porque la verdad, el medio no tiene la culpa de cómo el bípedo llamado humano lo utiliza, quizá por eso se estén desmontando en este XXI todas las emisiones analógicas y nos estén llevando, como a las ovejas, al matadero sin darnos cuenta porque con un solo “clic” se puede eliminar de la red lo que se tercie y dejarnos en la penumbra por mucho que nos hablen de libertad mientras nos vacían el cerebro y los bolsillos] del gran invento de la radiodifusión.

Debemos congratularnos por este magnífico aporte que, indudablemente, a muchos les sorprenderá porque no hace concesiones, avisa claramente de sus predilecciones, quizá por aquello de querer nadar y guardar la ropa en una época histórica donde lo políticamente correcto -y con ello la hipocresía y la mentira- arrasó nuestra adormecida sociedad en la que todo son apariencias y se esfumaron los valores [en ocasiones, si los tienes, el sistema se cachondea del ciudadano y para muestra tenemos las compañías de comunicaciones de nuestro tiempo, por no meter en el mismo saco a las escandalosas actuaciones de la banca que, a la que te descuidas, deja a CERO tu cuenta por inactividad y, encima, te pasan la factura por mantenimiento a unos intereses que ríete de los prestamistas y usureros; y todo dentro de la legalidad. ¡Faltaría más!].

Personalmente revisaría [por si hubiera una futura reedición] y puliría alguna que otra incongruencia o redundancia. Por ejemplo ¿tanto cuesta unificar criterios y colocar simplemente Nacionales y Republicanos? Por lo visto sí, y en lugar de una sistematización que facilita la lectura y evita entuertos al lector, el autor usa [o abusa] de nacional, nacionalista [término que entonces tenía una connotación que en nada se parece a la que le damos hoy], franquista [término acuñado tras su muerte], gubernamentales [republicanos], catalanización de personajes o de topónimos [aunque los políticos puedan “blindar lo que les dé la gana”, la lengua tiene sus reglas] que entonces no lo estaban [o ponerlos de las dos maneras], reiteraciones, etc. En definitiva, se podría aligerar el contenido sin perder un ápice de información ni de calidad narrativa, sólo se requiere un ejercicio de síntesis o revisión cuidada de las galeradas.

Me encantó comprobar algunos hechos que me narraron algunas personas que conocí  en los sucesivos paseos por el célebre Frente de la más sangrienta de las Batallas [por cierto los memoriales que se están montando por la zona son buenos instrumentos, pero aún serían mejores si hubiera menos intromisión o revisionismo histórico enalteciendo unos hechos y condenando otros]: la del Ebro. La última vez que estuve por la zona, apenas unos días antes de que apareciera este excelente libro de historia, un abuelo me explicaba [yo estaba charlando con otras personas que nos encontrábamos allí sobre la trayectoria de las balas cuyas huellas, del impacto, aún estaban sobre la pared trasera del Ayuntamiento; personalmente argumenté que las huellas –a más de dos metros de altura- eran de disparos realizados sin ánimo de matar aunque, en un pelotón de fusilamiento, en esos críticos momentos, no puedas negarte y, si lo haces, debes prepararte, de inmediato, para lo peor, así que esas balas a dos-tres metros del suelo eran de aquellos tiradores que no querían tener sobre su conciencia la muerte de nadie] que efectivamente estaba en lo cierto: allí recordaba habían sido ejecutados, en los primeros días de la contienda, en agosto del 36 los que no comulgaban con el estado de cosas en que se desvió de inmediato el conflicto.

En fin que muchos ya no podrán alegar ignorancia en unos hechos sobradamente documentados por el autor, basta una sencilla muestra que nos sirva de referencia en el terreno que nos preocupa, la radio:
-Las emisiones del bando republicano estaban impregnadas de la ideología de los grupos que controlaban las emisoras [página 20].
-Los republicanos tenían las más importantes y potentes emisoras del país [página 21].
-En la zona republicana todas las radios fueron incautadas y en la franquista (sic) no se desposeyó a sus propietarios de su titularidad [página 22].
-La presencia de varios sacerdotes que desde las ondas del bando republicano atacarían a los nacionales. A ellos se refiere de manera especial este capítulo [página 154].
-La vergonzosa orden del Estado Mayor del Ejército Republicano firmada por E. Sáinz: “Todo soldado que abandone o pierda el fusil será pasado por las armas” (conocía a un superviviente de esa terrible condena y la amargura –al sobrevivir al fusilamiento- le acompañó toda su vida) [página 266].
-Los republicanos movilizaron 26 quintas (una cuarta parte del total de los que estaban en el campo de batalla eran por lo tanto menores de edad) frente a 15 de los nacionales [página 265].

Finalmente hay un par de cosillas que no me cuadran cuando el autor escribe que las emisiones al exterior las realizaban en onda extracorta (sic) o cuando cita el Servicio MMundial de la BBC en ¿1937?, que yo sepa ese servicio se creó en 1988 [inicialmente se llamó Servicio del Imperio, cambió a Servicios Externos en 1940, para ser rebautizado como Servicio Mundial de la BBC. Las emisiones en idiomas extranjeros comenzaron en 1938, inicialmente fueron el árabe y el español] cuando se comenzó a emitir las 24 horas en inglés su célebre BBC WORLD SERVICE, hasta ese momento se agrupaba por áreas lingüísticas y/o continentales, por ejemplo Servicio Africano que comprendía no sólo las emisiones realizadas en los idiomas de este continente, sino también las del servicio francés o inglés que estaba concebido expresamente para esa área. En el caso de la lengua de Cervantes era el Servicio Latinoamericano y en un momento de la historia fui acogido en la sede de la prestigiosa emisora británica a resultas del concurso que sobre la boda del Príncipe Carlos realizó la sección española. La incongruencia del sistema es que la BBC tenía una audiencia estimada en los setenta [yo era uno de sus monitores en España] de 300 millones de oyentes al día; hoy con Internet, satélites, infinidad de emisoras de FM en los más apartados rincones del orbe -a veces simplemente no emiten como he comprobado en algún viaje- apenas llega a 150 millones. O sea, la tan cacareada adaptación técnica les ha hecho perder mercado y, además, han dejado huérfanos a millones de personas por la paulatina supresión de idiomas y áreas de destino… ¡Vivir para ver! Por supuesto, la BBC tampoco es lo que era y sucesivos escándalos la han ido bajando del pedestal.

Echo en falta alguna bibliografía [que se me antoja de utilidad], por ejemplo la de las revistas de los Clubes DX españoles que están en la Biblioteca Nacional e incluso publicaciones de radio de la época; algunas publicaciones norteamericanas informaban sobre el contenido, aunque escueto, en algunas emisiones de radio del conflicto; podría incluir aquí las célebres Memorias de Pasionaria que prologase Vázquez Montalbán o algunos opúsculos del SIM realizados en aquella aciaga etapa en que sus servicios estaban ubicados en Barcelona o los célebres boletines de escucha que un día cayeron en manos de un estudioso hace pocos años y que considero [mientras no se demuestre lo contrario] sería el primer material genuinamente DX editado en España. También hubiera sido de interés una mayor aportación gráfica de un medio tan diferente al actual.

Y hasta aquí la reseña del bien ejecutado trabajo de Arasa. Puntúa alto y eso le honra en un mundo de mediocridad. Felicitémonos y felicitemos al autor por este buen trabajo. Gracias maestro por devolvernos la confianza a los lectores [hay un libro de reciente aparición dedicado a La Pirenaica, tan tendencioso, que no logro superar la barrera de la página cincuenta a pesar de llevar medio año sobre la mesa; vaya que casi me dan arcadas cada vez que le hinco el diente y eso que fui uno de los primeros españoles que consiguió la QSL de esa histórica radioemisora “La única emisora española sin censura de Franco” como bien reza la leyenda que lleva la tarjeta inspirada por Picasso]. A estas alturas de la vida uno quiere “calidad literaria” y no “cantidad de soflamas huecas”. Basta de lisonjas y los historiadores a lo suyo: hacer historia, no libelos o panfletos infumables que, a veces, se pagan con los chavos de todos, gracias a que el autor tiene línea directa con la célebre “casta”.

En fin tenemos un libro sobre radio que merece la pena conocer. Sus 20€ es una de esas inversiones que un jubilado siempre se puede permitir aunque lógico sea decirlo: republicanos o nacionales acérrimos no deberían hacerse con él por aquello de tal vez descubrir algo que no les agrade, aunque el autor lo documente y justifique sobradamente.

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